Dominicana ausente: “Extraño el calor de la gente, la sonrisa que siempre te brinda el dominicano”

Iniciaba el verano del año 2007 cuando a Michelle Cruz le llegó el momento de emprender una nueva vida. Debía emigrar a Barcelona, España, donde le esperaba su amor, el joven con quien se había casado seis meses antes.

Previo al día de su partida le embargaba la incertidumbre de tener que enfrentarse a lo desconocido, por lo que una y mil veces se preguntaba si, tras nueve meses de noviazgo, su matrimonio funcionaría; si se adaptaría a una cultura diferente y si se acoplaría con la familia del joven nativo de la ciudad de Tarrasa.

Además de preocupación, tenía el corazón roto porque le tocaba avanzar sin el apoyo de su madre y cómplice, quien falleció de forma repentina en el 2006. En adición, Michelle se sentía responsable del cuidado de su padre por ser la única hembra de cuatro hermanos.

Mientras se acercaba el 7 de junio, día que viajó a Barcelona, preparaba una maleta con parte de sus pertenencias, fotos familiares y un montón de recuerdos que llevaba como armazón.

Describe el día de su partida como “difícil”. “Lo más duro fue apartarme de mi familia, de mis raíces, separarme de mi padre. Lloré mucho y recuerdo que le dije a mi papá que no se preocupara, que nos veríamos pronto y que yo estaría pendiente de él”.

Trece años después no se queja de lo que ha logrado en tierras extranjeras, donde se desempeña como asesora de ventas, aunque en República Dominicana cursó una licenciatura en Comunicación Social. A sus 38 años, exhibe una hermosa familia de tres que le sirve a Dios, estabilidad económica y unos suegros que la acogieron como a una hija.

A propósito de que este domingo 20 de diciembre se celebra el Día del Dominicano Ausente, Michelle Cruz narra a Diario Libre lo que extraña de su Patria, donde dejó a sus familiares y a grandes amigos que hizo en el colegio y la universidad, con los que todavía mantiene una relación cercana.

Esa festividad fue instituida por el Poder Ejecutivo mediante decreto en el año 1987 para honrar a los compatriotas que han partido en busca de mejores oportunidades de vida.

Extraño el calor de la gente, la sonrisa que siempre te brinda el dominicano, su calidez, el clima. Extraño mi olor a mar, mis aguas claras, el sol cálido y por supuesto, los limoncillos que tanto me encantan”, dice con un tono enfático.

Aunque trata de visitar su país cada dos años, quisiera poder regresar más a menudo. La última vez que lo hizo fue en enero de este 2020. “Fue un viaje de emergencia por una gravedad que hizo mi padre, pensé que lo perdía, pero Dios extendió años en él aquí en la Tierra”.

Tras la recuperación de su progenitor, Michelle se prometió cumplir con un deseo que mantiene desde que emigró: volver a pasar una Navidad junto a su familia en su natal República Dominicana. Sin embargo, sus planes se vieron frustrados por la pandemia del COVID-19 que afecta el mundo.

“Todavía la semana pasada estaba buscando tickets aéreos, pero todo ha empeorado nuevamente por el coronavirus, hay muchas restricciones, hay que hacerse varias pruebas y tengo una niña pequeña por lo que no nos queremos arriesgar”, lamentó.

Así como Michelle muchos dominicanos no pudieron venir al país a celebrar las fiestas navideñas. Sin embargo, otros se arriesgaron y durante el mes de diciembre se proyecta la llegada de entre 33 y 54 vuelos diariamente por el Aeropuerto Internacional de Las Américas, en Santo Domingo, procedentes de diferentes conexiones internacionales.

De acuerdo con datos suministrados por el Departamento de Operaciones de Vuelos de la referida terminal, el 90% de las reservas para estos vuelos fueron realizadas por dominicanos residentes en el exterior.

Michelle Cruz está confiada en que todo mejorará y que podrá volver a abrazar a sus familiares.