Manolo, o las alas del heroísmo

Manolo Tavárez Justo fue un sueño perdido. Quiero decir, además, que fue una bella ilusión de heroísmo. Sus anhelos se estrellaron contra la fuerza y terminaron despedazados. La muerte del héroe fue un triunfo de la maldad y de la sinrazón. Los tropiezos que siguieron ensangrentaron a la desdichada República. Todo fue un vértigo: guerra, carnicería fraticida, lucha vana. El sacrificio fue una semilla estéril: los verdurgos de la patria impusieron el terror y estrangularon las libertades.

Ese heroísmo nació en Montecristi, creció en Santo Domingo y murió en Las Manaclas. El pueblo de Manolo era una aldea provinciana. Allí tenía privilegios rurales. Claro, su padre era un próspero hacendado: dueño de enormes extensiones de tierra, gran propietario y terrateniente distinguido.

El muchacho hizo travesuras y se transformó en pequeño poeta y gran soñador. La ilusión empezó a echar alas y a volar alto. Era un bohemio enamorado y romanticón: un verdadero seductor. (Ofrezco más detalles en mi libro, que pronto nacerá.)

Su juventud inquieta lo metió en la militancia política. Así, incursionó en la Juventud Democrática, distribuyó el mensaje revolucionario y predicó la libertad. Se convirtió en un pequeño redentor. Los camadaras eran osados, de Leo Nanita Cuello a Rafael Cocuyo Mieses y Oscar Torres Soto.

Con ellos calentó su conciencia revolucionaria y engrasó su espíritu heroico. Así, con vocación de martirio, ensambló el Movimiento Revolucionario Clandestino 14 de Junio, y combatió al trujillato hundido en las tinieblas de la tiranía. Las expediciones de junio de 1959 fueron una gran inspiración. Los 198 expedicionarios quedaron reducidos a 6 (dos cubanos y cuatro dominicanos), pero mostraron una brillante solidaridad internacional para redimir a Santo Domingo.

Sufrió el horror en las ergástulas trujillistas. Lo trituraron en las cámaras de tortura, sacándole uñas, dándole latigazos y lacerando su cuerpo. Chorros de sangre, gritos y dolores espantosos: todo eso lo vivió él. Empero, no delató a sus camaradas y aguantó con estoicismo las terribles vejaciones.

Manolo, excarcelado en 1961 tras el asesinato del Jefe, emprendió nuevos episodios históricos y nuevas rutas patrióticas. En efecto, fundó la Agrupación Política 14 de Junio, llevando en sí las marcas de la dictadura, y exigió la destrujillización total. Lo hizo con arrojo y abnegación.

Apuró la revolución, pensando que la guerrilla era necesaria para lograr la redención última. Emprendió su aventura última, animado por la Revolución cubana, y vislumbró un porvenir luminoso. Cuba era la gran utopía. Santo Domingo anhelaba su libertad.

Manolo recogió ese afán de redención y se fue a las montañas, cargado de fusiles y de ilusiones. Claro, no lo hizo solo: se llevó a un grupo de revolucionarios que instalaron 6 frentes guerrilleros en busca de la liberación nacional. Pero naufragó en su intento, y se hizo añicos su gran proyecto revolucionario.

Lo fusilaron el 21 de diciembre de 1963, hace hoy 57 años. No murió solo: con él también murieron la utopía y la libertad. Las Manaclas fue la tumba de los sueños.-

 

La entrada Manolo, o las alas del heroísmo se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).